La zapatera prodigiosa; teatro de un poeta

Una mirada a la primera obra de teatro que recibí como regalo de Reyes Magos

LUNES DE TEATRO

Óscar Ocaña Parrón

6/15/20264 min read

Debía ser el año 85 u 86, un seis de enero, mañana de Reyes Magos. Entre mis regalos estaba el primer libro que recibiría en mi vida como regalo, y se trataba de la edición en la Colección Austral de 'La zapatera prodigiosa', de Federico García Lorca. Mi hermano era quién me lo regalaba, y yo encantado.

Hasta ese momento la única obra de teatro que yo había leido era 'Los intereses creados', de Don Jacinto Benavente. Lorca era bien conocido en mi casa por sus poemas, sobre todo a través de canciones como 'Romance Sonámbulo' ('verde que te quiero verde') en sus diferentes versiones.

Amado poeta y admirada persona, pude ver el encanto que derramaba en su dramaturgia el creador de 'Poetas en Nueva York'. Aún a unos pocos años de que yo me atreviera a escribir teatro, ya en ese momento me atrapó Lorca con su manera de escribirlo. Hasta ese momento yo entendía el teatro como algo grandilocuente y lejano, y fue Lorca el que me bajó de mi nube y me enseño que el teatro es del pueblo y para el pueblo. Es un espectáculo y un arte que lleva historias y realidades a gente que apenas puede salir de los límites de la plaza de su aldea o de su barrio. El teatro, que puede ser representado por los más grandes actores y las más divinas actrices, en los escenarios de las grandes capitales, bajo la cobertura de una producción millonaria y los mil y un detalles que cuidan los técnicos, es también ese arte que hace levantarse de las sillas escolares a un público que apenas escucha bien lo que dicen los actores infantiles que, sobre un conglomerado de mesas formando un escenario improvisado, declaman de memoria versos mientras procuran que no se descoloque una peluca de plástico. Y no es más grande ni mejor la primera representación, ni viceversa. Eso es lo de menos; lo importante es lo accesible. Lo importante es que puedes conocer a Benavente, a Lorca o a Shakespeare en el local de la Asociación Vecinal de tu barrio, y después ver 'La importancia de llamarse Ernesto' en un gran teatro londinense, y que acudes al segundo por lo mucho que te gustó el primero.

En 'La zapatera prodigiosa' Lorca nos cuenta una historia habitual de los relatos populares de los Siglos XVII y XVIII del centro de Europa. Es un cuento de aprendizaje, de saber lo que se tiene solo cuando se pierde. Algo parecido al cuento 'Pico de ave', en el que un marqués se disfraza de mendigo para dar una lección a una princesa soberbia que rechaza a todos los pretendientes y en especial a él por su prominente nariz, en la 'zapatera' vemos a un marido mayor que abandona a una esposa muy joven. En 'Pico de ave' el padre de la princesa, harto de su actitud, promete casarla con el primer pretendiente que llegué, sea quién sea. Al no querer ya nadie intentarlo siquiera por considerar a la muchacha un castigo, el marqués rechazado por su narizón se disfraza de mendigo, reclama a la princesa y el padre, sin pensarlo, la entrega. Viviendo en una casa en ruinas, limpiando, cocinando y ganándose la vida, descubre la princesa las relaciones humanas (y el amor) al recibir atención y, sobre todo, al comenzar a darla sin que se la pidan. En la 'zapatera' queda la protagonista sola en un pueblo dónde no se la mira bien. Una mujer joven, apenas una adolescente, con un negocio que tiene que sacar adelante tras la huída de su esposo, y que es señalada como la causa de todos los males del lugar, porque al cabo una moza joven sin hombre y que ni casada ni soltera ni viuda está, no puede por más que soliviantar los apétitos de buenos chicos... Más ya tenía bastante la zapaterita con ser abandonada por un hombre al que quiso y quiso mucho como para andar en otros romances.

En una visión lorquiana de la femeneidad del momento, de la injusticia sobre las mujeres, con humor, con romance, con canto y alegría, nos presenta el poeta un limbo social dónde han vivido y viven muchas mujeres del planeta. La zapatera ha sido abandonada, y nadie busca al zapatero, su marido, porque como hombre libre es de ir dónde él vea. De ser al contrario, la zapatera sería perseguida, encontrada y devuelta al hogar. Por no hablar de que, aún como buhonero o mendigo, el zapatero parte al mundo con garantías de sobrevivir. No va a ser preguntado. No necesita una pareja, ni explicar de dónde viene o a qué. Un hombre parte y allá donde llega, si trabaja, si tiene dinero y si no se mete en líos, es aceptado sin más. Una mujer sola es una sospecha vaya dónde vaya. La zapatera no podría haberse ido sin más, no sin un plan bien urdido, no sin engaños y tejemanejes.

Por otro lado, el zapatero, de haber sido abandonado, sería un hombre solo y ya. Podría seguir con su negocio, emparejarse y seguir acudiendo a la taberna. Con más o menos choteo por parte de los vecinos, pero con una vida que vivir. La zapaterita está en un limbo social absoluto. Ella es casada, pero no tiene marido. No puede volver a casarse, ni mucho menos comenzar otra relación. Su negocio, que lleva ella y por el que lucha, no es suyo en verdad.

Por supuesto regresa el marido. Regresa disfrazado, como aquel Pico de ave, y así regresa el amor de él por ella y el de ella por él.

En un cierre de final feliz, lo que se ve en 'La zapatera prodigiosa' es que la mayoría de las veces no importa si la historia acaba bien o mal; eso depende del narrador y de quién lo viva. No todo es como pueda terminar algo, si no como ocurre, y qué ocurre.

Por finalizar esta entrada; queda en mi memoria la escena en la que la zapaterita hace girar una silla en el sentido contrario a como sido girada antes, por aquello de la mala fortuna...

Un regalo de Reyes Magos

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