Poesías y Poemas

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Portada de 50 poemas de amor, de Óscar Ocaña ParrónPortada de 50 poemas de amor, de Óscar Ocaña Parrón

Poemas de Amor

Te amo, de "50 poemas de amor"

Te amo

Es sencillo; te amo,

yo te amo.

Y te amo en tu mirar,

en el gesto

de un dedo cruzando

el aire con serenidad.

Como se aman esas flores

que de niño se descubren

por vez primera,

danzando ellas un vals

lento y melancólico

con el viento

que cruza el parque.

Te amo,

cual se ama, digamos,

la repentina brisa

que de un golpe,

durante un instante

refresca el rostro

en el mes de agosto.

Como un insecto torpe

instintivo y seguro de sí

ama la luz de la Luna,

a la que sigue firme, feliz.

Te amo.

Te amo en mi caída

a los Infiernos,

en mi ascenso al Paraíso.

Te amo.

En compañía de un ángel,

de un negro azulado cuervo,

de un amigo,

de un enemigo respetable,

te amo.

Camino y te amo.

Pienso o escribo

y te amo.

Te amo

en el sabor del café.

Te amo

en cada recodo de Oviedo,

en cada robledana calle,

cada tumulto de Madrid.

Te amo

en una mota de polvo

o en el Universo todo.

Más allá de la más

lejana estrella,

más acá de la frontera

de nuestra sábana

te amo.

Te respiro.

Y te amo.


Óscar Ocaña

Poemas de Amor

En las termas de Caracolo, de "50 poemas de amor"

Las Termas

Allí, desprendida y ya caída al borde del agua templada la túnica tribuna, me sumergí a la espera de un debate social.

La tarde se alargaba.

Solo estaba yo, solo y sin combatientes para mi intento de batalla oratoria.

Vi llegar a las termas una melena corta, dorada y lisa.

Me impedían los vapores del lugar vislumbrar al mancebo que se sumergió y se instaló junto a mi cadera.

Noté entonces un seno rozando mi muslo.

Un seno femenino invadía la libertad de mi piel, como otros senos desnudos, en las mesas de las altas damas invadían mi espalda y mi nuca al servirme vino.

Una dama penetraba las sagradas Termas de Caracolo.

Quise llamar a la guardia para mostrar mi indignación de Tribuno.

Quise ver su atrevimiento azotado en la plaza pública.

La besé, en cambio, a la joven de corta melena rubia.

Besé su cabello empapado de vapores, y besé su seno, perlado de condensaciones robadas de mi propia piel.

La amé, pues, y amé la sal de su piel.

La tuve entonces, la amé entonces y aún la amo.

A menudo visitamos en las tardes, ambos, enfebrecidos, las Termas de Caracolo, camuflada ella como un mancebo, recordando aquel seno rozando mi muslo y el fervor que en las aguas templadas de las termas ella trajo a mi piel.

Óscar Ocaña

Poemas Góticos

Las camelias están tristes, de "Los versos de los Muertos"

Las camelias están tristes

Las camelias están tristes,

están tristes las camelias,

su vicio con orgullo crece,

su belleza caduca, fallece,

y una humilde violeta

enternecida, las mira.

Un mirlo curioso y ágil

pretende ser camelia

volando torpe en el jardín

donde la malva reina.

Se ofende un muerto

con su presencia negra

y desde la fosa le grita

que están tristes las camelias.

Hay un ratoncillo blanco

en el yerto cementerio.

Corretea mármoles

y los dientes castañetea

al ritmo trémulo y sordo

del crujir de los amarillentos

huesos de los callados

bajo las tristes camelias.

Trina un ruiseñor ajeno

a la Muerte y a la tristeza

de las deprimidas flores,

le susurra el viento con presteza

que están tristes las camelias.

Indiferente a todo avanza su canto,

mientras la tierna violeta

llora en silencio frío

la tristeza de las camelias

que hay en el cementerio.

Óscar Ocaña